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Tricotilomanía: cuando arrancarse el pelo se vuelve difícil de detener

12 oct
4 min de lectura

Hace unos veinte años llegó a mi consultorio Laura*, una joven de 17 años. Vestía a la moda y llevaba el cabello muy corto, con un estilo militar. Lo que más llamaba la atención era la ausencia de su ceja derecha. Sin embargo, lo que la traía a consulta iba mucho más allá de su apariencia.


Sus padres habían notado zonas sin cabello y buscaron atención médica. Inicialmente fue remitida a dermatología. Después de un tiempo de evaluación y tratamiento, el especialista reconsideró la explicación inicial y recomendó valoración por psiquiatría y psicología.

Laura me contó que había comenzado a arrancarse el cabello un par de años antes, mientras hacía tareas del colegio. Al principio apenas se daba cuenta: su mano llegaba a la cabeza mientras leía o preparaba un examen. Con el tiempo también empezó a hacerlo mientras veía televisión, viajaba en bus o hablaba por teléfono.


Cuando notó que su ceja derecha se había convertido en una línea delgada y escasa, comenzó a dibujarla con un lápiz. Para evitar preguntas, trasladó parte del arrancamiento a la zona posterior de la cabeza, donde podía ocultarlo mejor. En algunos momentos buscaba deliberadamente pelos que sentía más gruesos o diferentes. Arrancarlos le producía satisfacción momentánea; después, al observar la pérdida de cabello, aparecían la preocupación y la vergüenza.


Había intentado detenerse varias veces. Quería hacerlo, pero ese deseo no era suficiente para interrumpir una conducta que se había instalado en distintos momentos de su vida cotidiana.


¿Qué es la tricotilomanía?


La tricotilomanía se caracteriza por arrancarse repetidamente el cabello o el vello, con pérdida de pelo, intentos de reducir o detener la conducta y malestar significativo o dificultades en la vida cotidiana. Las zonas más habituales son el cuero cabelludo, las cejas y las pestañas. El diagnóstico requiere descartar otras condiciones médicas o psicológicas que expliquen mejor lo que ocurre.


El relato de Laura permite reconocer algo importante: una misma persona puede arrancarse el pelo casi sin advertirlo y, en otros momentos, buscarlo de manera consciente. Por eso, preguntar solamente “¿por qué lo haces?” puede resultar insuficiente. También necesitamos comprender cuándo ocurre, cómo empieza y qué sucede después.


¿Qué tan frecuente es?


Un metaanálisis publicado en 2022 estimó una prevalencia aproximada del 1,14 % en las poblaciones estudiadas. Por su parte, una encuesta estadounidense de 2020, realizada con 10.169 adultos, encontró que el 1,7 % reportaba tricotilomanía actual, sin diferencias significativas entre hombres y mujeres. Estas estimaciones ayudan a dimensionar el problema, pero no permiten establecer su frecuencia en Colombia.


Comprender la conducta más allá de la ansiedad


No se conoce una causa única. El estrés, la ansiedad, el aburrimiento, la frustración y el cansancio pueden favorecer los episodios. También puede existir predisposición familiar. En algunas personas, arrancarse el pelo proporciona alivio o satisfacción, lo que contribuye a mantener la repetición.


En el trabajo con pacientes he encontrado que conviene prestar atención tanto a las emociones como a las sensaciones. A veces aparece la necesidad de descargar tensión; otras veces importa la textura de un cabello, la sensación al retirarlo o el recorrido de la mano mientras la atención está puesta en una pantalla.


Esto cambia la manera de abordar el problema. Si nos concentramos únicamente en disminuir la ansiedad, podemos pasar por alto los momentos automáticos o la búsqueda sensorial. El registro de lo que ocurre antes, durante y después permite reconocer esas diferencias y construir estrategias ajustadas a cada persona.


También importa observar el curso de la conducta. Puede disminuir durante largos periodos y reaparecer ante cambios o nuevas exigencias. En mi experiencia clínica, una reaparición después de años de mejoría invita a revisar las condiciones actuales y recuperar herramientas, sin dar por perdido todo lo aprendido.


¿Qué hacer cuando reconozco los síntomas?


El primer paso es observar sin castigarse. Un registro breve puede incluir la actividad que estabas realizando, cuándo notaste la mano en el cabello, qué sensación buscabas y qué ocurrió después. El objetivo es reconocer oportunidades para intervenir.


El tratamiento psicológico puede incluir entrenamiento en reversión del hábito y control de estímulos: aprender a detectar las primeras señales, practicar una respuesta incompatible con arrancarse el pelo y ajustar las situaciones que facilitan la conducta. Son intervenciones conductuales de primera línea.


En el acompañamiento clínico, este trabajo puede organizarse por etapas: primero reconocer el patrón; después practicar alternativas y abordar las emociones cuando corresponda; finalmente, consolidar herramientas y preparar un plan ante señales de reaparición. Mantener las manos ocupadas puede ayudar, pero la alternativa necesita ajustarse a la función que cumple la conducta.


Si hay pérdida de cabello o lesiones, conviene consultar también a un médico. Si se ingiere el pelo, es necesaria una valoración médica por el riesgo de complicaciones digestivas. Las personas cercanas pueden aportar apoyo y ánimo durante el tratamiento.


La historia de Laura nos acerca a una dificultad que suele permanecer oculta. Comprenderla exige mirar el hábito, las sensaciones, las emociones y el contexto. Desde ahí es posible construir cambios concretos, reconocer avances y recuperar herramientas cuando vuelven a hacer falta.


*Nombre cambiado para proteger la identidad del paciente.


Alonso Cortés | Tuloquero

 
 
 

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